Fray Bartolomé de Las Casas sabe lo que realmente pasó después del 12 de octubre …¿Celebrar qué dices?

Por Pablo Pérez Ruby

La destrucción de la Española se puede sintetizar con las palabras de Fray Bartolomé de Las Casas de esta forma: “Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban a las criaturitas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros amaestrados en matar, traían muchos indios en cadenas y los mordían y los destrozaban y tenían carnicería pública de carne humana… Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas”.  “Ellos construyeron una picota lo suficientemente larga como para que los pies pudieran tocar el piso y de esta forma prevenir la estrangulación, y así, los colgaban de a trece indios por vez en honor de Nuestro Salvador Jesucristo y los doce Apóstoles… Después, paja era envuelta alrededor de los cuerpos destrozados y quemados vivos.”… “Ellos [los cristianos] le cortaban las manos a los indios y se las dejaban colgando de un pedacito de piel… [y] ellos probaban sus espadas y su fuerza de hombre sobre los indios cautivos sobre quienes hacían apuestas para ver quien podía cortarles la cabeza o partirlos en dos de un tajo… [Un] capitán viajó muchas leguas capturando a todos los indios que pudiera encontrar. Porque los indios no sabían decirle quienes eran sus nuevos amos, él les cortaba las manos y se las daba a los perros,” cuenta un testigo sobre la conducta de los cristianos españoles. Después de los terribles crímenes cometidos por los cristianos en Santo Domingo, el Cacique Hatuey logra escapar y organizar resistencia en la Isla de Cuba.  Es perseguido tenazmente y hecho prisionero. Fue condenado a morir quemado en la hoguera. Atado fuertemente a un poste, y cuando ya las llamas comenzaban a chamuscarlo, se  le acercó un sacerdote para hacerlo cristiano antes de morir. Hatuey preguntó si haciéndose cristiano iría al cielo de los cristianos, y como el sacerdote le contestó afirmativamente, le dijo que prefería ir al infierno antes de volver a ver un cristiano. Así murió aquel valiente.

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